
Tomando una Heineken bien fría en el bar Antigüedades, al lado momentáneamente del portavoz del PP en Diputación (juntos pero no revueltos), pude al fin respirar. Fuera pasaban miles de personas que dejaron su rastro en la calle, y es que cuando salí, pude comprobar la desolación de una calle donde encontrar un centímetro cuadrado sin basura se convertía en una odisea. Muchas veces he paseado por allí, o me he parado a tomar una cerveza o una pizza en el local de la esquina, y la imagen de ayer fu increible.
Algo parecido ocurrió en nuestro Viso.
La cuestión, y no es nueva en este blog, es la cantidad de recursos que se han de invertir de forma ineficiente en la limpieza de estas calles. Y digo ineficiente porque si todos cumpliéramos con nuestro deber cívico eso no ocurriría. Es intolerable que se deban gastar tantos recursos, humanos y económicos, en recoger la mierda de otros.
Luego nos quejamos de los jóvenes de las botellonas, pero ayer eran padres de familia los que llenaban las calles por lo que no es difícil sacar la conclusión sobre quien arrojaba la basura.
Al final, y tristemente, parece que sólo manda el palo.
Laín Coubert
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